Oscuro Claro

¿Qué cuál es mi máxima? Nadar hasta la orilla sin ahogarme…Eso es a lo que aspiro en mi vida, así de sencillo pero a su vez, así de complejo, intenso y agotador.

Todo comienza en esta orilla, cuando de pronto, apenas alcanzado el estado de conciencia, la vida te muestra un río, te señala desafiante el margen que atisbas enfrente y te exclama: ” A por él”…¿Y que conoces de la otra orilla? Nada, absolutamente nada, sólo que se trata de un lugar al que irremediablemente debes dirigirte incluso ignorando si serás capaz de salir indemne del agua y alcanzar ese perfilado botín.

Así que te lanzas al río y descubres que además de unas aguas gélidas te encuentras con una corriente que te fuerza desde el primer momento a nadar sin descanso, a buen ritmo, con un margen reducido de error, lo que confiere al reto un marcado valor frente a lo que representan, por ejemplo, otras experiencias a las que otorgamos significado a lo largo de nuestra vida pero que, en cambio, no encuentran parangón con el verdadero objetivo vital que no es otro que seguir inspirando y espirando.

Una vez en el agua te encuentras ante una paradoja que no admite discusión ya que dejarte arrastrar por la corriente, sin duda, representa tu fin, cuasi inmediato, una descalificación prematura de una carrera que en realidad no conoce ganador. En cambio, si por el contrario no sucumbes a la corriente sabes que la recompensa no es diferente, que te espera un premio agridulce y, por qué no decirlo, el único consuelo de haber alcanzado el final de una forma consensuada, en paz y, sobre todo, digna, muy digna.

Entonces ¿Qué es lo que nos empuja a nadar?¿Qué fuerzas nos llevan a dar una brazada tras otra?¿Por qué no nos dejamos arrastrar por la corriente y ya está? La respuesta quizá la encontremos en las expectativas, esas zanahorias al uso que colgadas de un palo y postradas ante nuestros ojos nos conducen hacia lo que entendemos por la Realización, el culmen de nuestra existencia, un engaño, digo, al que nos sometemos a nosotros mismos, pues no en vano pensamos en nuestras expectativas como en un fin en sí mismas y, sin embargo, no son más que etapas que además evolucionan conforme nuestros brazos siguen y siguen marcando el ritmo de la braza.

Por tanto, en la vida, tienes dos opciones; no hacer nada y dejarte arrastrar por la corriente, o por el contrario aceptar el reto y afrontar uno tras otro los apasionantes desafíos que uno mismo es capaz de construir y así convertir la existencia en un conjunto de acontecimientos dignos de ser considerados una verdadera experiencia vital.

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