Oscuro Claro
Escucha “La Superliga frente al modelo de negocio del fútbol profesional” en Spreaker.

Esta semana hemos asistido a un espectáculo singular dentro del ámbito del fútbol profesional con la presentación de la Superliga, una competición que pretende reunir a 12 de los clubes más poderosos de Europa en una competición para salvar el futuro de este deporte a nivel profesional, y con la consiguiente respuesta de los estamentos al más alto nivel del fútbol europeo e internacional quienes han declarado la guerra a cualquier iniciativa que pretenda establecerse más allá de su control y tutela.

Liderados por el presidente del Real Madrid Florentino Pérez, clubes como el propio Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid, Juventus, Manchester United, Manchester City, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Milán, Inter de Milán son los 12 clubes fundadores de la Superliga, una iniciativa a la que no se han sumado otros clubes europeos como el PSG, El Bayern de Munich o el Borussia Dortmund.

La excusa para atacar a la Superliga Europea ha sido la de colocar al frente los intereses de los aficionados al fútbol, la pena de muerte a la que según estas instituciones, condena esta nueva competición al fútbol tradicional. Y son precisamente los aficionados quienes paradójicamente se pronuncian en contra de cualquier cambio que lleve a generar competiciones de diferentes niveles, como si ellos, que en su mayoría ya no ven fútbol en televisión o ni siquiera acuden a los estadios, fuesen el objeto de atención.

Creo que el planteamiento de poner a los aficionados en el centro y como claros protagonistas es muy bueno pero me temo que desgraciadamente sólo funciona en la teoría. El mundo del deporte, y el fútbol no es una excepción, se mueve por intereses económicos y son estos intereses los que garantizan de algún modo su supervivencia a largo plazo. Si algo demuestran ligas y competiciones como la NBA, la NFL, la MLB, etc. es que son sostenibles a largo plazo y todas ellas tienen un carácter cerrado que garantiza una masa crítica de aficionados alrededor que pueden aportar las audiencias e ingresos necesarios para que todo el ecosistema funcione.

Las competiciones estadounidenses representan marcas sólidas, fuertes, capaces de generar un importante volumen de ingresos precisamente porque no diluyen el reparto más relevante entre numerosas competiciones y clubes. Concentran los esfuerzos en un modelo de alto valor añadido y eso les otorga una fortaleza con la que pueden afrontar momentos difíciles como los que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia provocada por el COVID-19.

Debemos tener en cuenta que el fútbol y buena parte del deporte en general está perdiendo audiencia. Los que somos padres y amamos el deporte vemos a nuestros hijos que no pueden permanecer en un evento deportivo ni media hora…Y debemos tener en cuenta lo fuerte que están empujando los Esports con audiencias cada vez mayores promovidas por las nuevas generaciones, unas generaciones que desplazarán las audiencias de otras disciplinas deportivas. Precisamente en los esports estamos asistiendo a un modelo de competición concentrado también en unos pocos clubes “top” quienes para participar, por ejemplo, en la mayor competición mundial de League of Legends, deben hacer un desembolso muy importante en una liga cerrada cuya finalidad es concentrar eventos y enfrentamientos de calidad que despierten el interés de su audiencia a nivel global.

A todo esto debemos añadir la fuerte competencia que ejercen plataformas que conforman la amplia oferta de contenidos que desde un punto de vista de entretenimiento tenemos a nuestra disposición los espectadores. Y es que no tenemos tiempo para todo, la lucha encarnizada por robarnos nuestro tiempo que ejercen todos estos modelos de entretenimiento no hacen sino menoscabar la capacidad de atracción y atención del deporte tradicional, y el fútbol no es una excepción. Amazon, Netflix, HBO, Apple TV, Disney+, DAZN, sumados a los operadores nacionales como Movistar+ en España, por ejemplo, o incluso plataformas como Twitch o YouTube tratan de captar nuestra atención con contenidos que somos incapaces de consumir en su totalidad precisamente por falta de tiempo. La oferta supera con creces a la demanda y cuando esto se produce cabe pensar en cómo deben afrontar las competiciones deportivas una transformación que les lleve a adaptarse a las nuevas exigencias del mercado del entretenimiento.

Algo hay que hacer, y concentrar el interés en menos eventos y de mayor valor añadido es una solución que entiendo puede proporcionar grandes recompensas en forma de millones de euros que vendrían a aliviar la fuerte presión financiera a la que están sometidas muchas de las entidades más prestigiosas de la competición.

Soy aficionado al fútbol, y además fan de un club de fútbol que había quedado fuera de la Superliga pero creo que el modelo de competición profesional debe evolucionar y pueden crearse competiciones en las que los equipos de media tabla adquieran un mayor protagonismo y, consecuentemente, puedan alcanzar logros que en el actual modo de competición es muy complicado que puedan alcanzarse. Ya sé que no suena bien para quienes seguimos a equipos que no están en lo más alto a nivel de audiencias y fans en todo el mundo, pero cuanto más realistas seamos mejores serán las soluciones que podremos aportar para que estos clubes también sigan cosechando triunfos, a otro nivel quizá, que nos satisfagan a todos.

¿Qué hacen el resto de clubes para tratar de “bailar” con los más grandes? Endeudarse como único modo de optar a codearse de vez en cuando con clubes con los que no puede ni podrá competir económicamente. Pero esta soga al cuello que se instalan a modo de deuda les está oprimiendo de tal forma que la inmensa mayoría ya no son viables financieramente si no cuentan con la debida financiación y re-financiación que como una rueda no cesa de acosarles desde una perspectiva económica.

Una excepción, y quizá un modelo a seguir, es el fútbol de Países Bajos, un fútbol marcado por la presencia de varios clubes representativos que tratan de encontrar un equilibrio entre presupuesto, espectáculo y, en definitiva, eficiencia.

Yo desde luego no quiero un modelo basado en deuda y quiero ver a mi club favorito con una cuenta de resultados equilibrada capaz de otorgar continuidad a una institución que de otra forma se puede ver seriamente amenazada.

Ahora imaginad que se crea la Superliga y que estos grandes del continente dejan de participar en las ligas locales. Imaginad además que quienes seguimos a los clubes de media tabla tenemos la oportunidad de ver cómo la competición está ahora mucho más igualada y que el campeón de dicha competición puede optar a competir en la Superliga la temporada siguiente ¿No sería mucho más atractivo? Podríamos ganar más títulos con clubes menos endeudados y con unos ingresos suficientes, alejados eso sí de las grandes cifras que se manejarían al más alto nivel, pero que, por contra, garantizarían su sostenibilidad a medio y largo plazo. Pensad ahora cómo están organizadas las competiciones en Europa. De antemano ya sabemos, salvo sorpresa mayúscula, quien va a optar a ganar el título de liga ya que siempre son los mismos, no nos engañemos, los mismos de siempre quienes tienen la posibilidad y quienes casi con total seguridad se llevarán el gato al agua en forma de trofeo de campeón. No me digáis que no pierde aliciente una competición en la que de antemano ya sabes que unos clubes juegan con ventaja porque cuentan con millones de seguidores en todo el mundo y, consecuentemente, con las mayores cuotas de ingresos de un mercado limitado.

En fin, algo debemos pensar entre todos para salvar el modelo de entretenimiento basado en el deporte profesional. En algo hay que centrar los esfuerzos para seguir disfrutando de un ámbito estupendo que no merece el tratamiento que algunos estamentos oficiales le están otorgando sólo para no perder cuota de poder. Me da igual que se llame Superliga o Super lo que sea…Lo importante es que hay que remover conciencias y ponerse a trabajar en un modelo sostenible a largo plazo a todos los niveles, tanto en la gran competición como en el resto de competiciones.

¡Ah! Y con todo esto no quiero dar a entender que el fútbol está muerto si no se acometen cambios profundos. Sin duda, el fútbol base o el fútbol amateur no van a desaparecer. Me refiero al fútbol de carácter profesional, ese que tiene que actuar de acuerdo a los ingresos y gastos, ese que debe encontrar un equilibrio presupuestario para poder seguir adelante. Como cualquier empresa que se precie, debe ser capaz de comercializar sus activos de modo que pueda cubrir sus costes y aportar un cierto beneficio ya que en caso contrario tendrá muy a su pesar que bajar la persiana para siempre. Ese fútbol, en definitiva, el de carácter profesional y no el amateur es el que tiene que encontrar su camino para poder seguir dando que hablar a sus aficionados.

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